Media tarde. San Martín al 600. Librería. Ojos pensativos. Hojas. Biromes. Cuadernos. Sobres. Afiches. Absortos. Corredores paralelos. La mirada tropieza con un perfil familiar. Los latidos alborotados la buscan. Ella siente. Gira. Despabila la sonrisa. Los brazos se abren. Ecos de juventud. Jardines de Filosofía y Letras. Compañeros. Sombras de Vicky Dappe, Atilio Billone, Alba Defant, Julio María Aguirre arremolinan su alta docencia en el salón de actos. Guisos y lasañas en Las Piedras al 500. Anaqueles habitados por tiempo. Rabelais. Anatole France. Martínez Estrada. Discos. Bach. Beethoven. Pichuco. Piazzolla. Yupanqui. Una guitarra respira canciones en la siesta de Previsión. La belleza de Joan Báez parece iluminarle el rostro y las trenzas cada vez que ella florece en canto. La amistad se conjuga en seis cuerdas. El folclore también.
Verano calchaquí. Historia. Puntas de flecha. Urnas funerarias. Vasijas. Cóndor Huasi. Candelaria. Culturas que se tocan en el ancestro. Río. Tangos salpicados en un piano. Viento. Caballete. Arena. Pinceles. Sol. Paisaje. Óleos. Hermanos. Paraísos. En esa casa de la Esquiú al 600, hay olor a vida. A zamba demorada en pensamiento.
Igual que el agua cantando... durazno prisco del valle… por los bañados te busca, temblando, el alba…
Sendas que caminan lejos. Sueños que construyen amores. Desamores. Quince años pasan. El Aconquija cafayateño se detiene en la plaza de Colalao. Ella sube. Alegría. Una hora de viaje no basta para contarse el "¡tanto tiempo chincanqui!" Los recuerdos se vuelven viento.
De tanto mirar el cielo… cruzan lentas por tus ojos nubes lejanas. Con ellas te me vas yendo, santamariana, ciego se ha quedado el cielo sin tu mirada...
El horizonte extravía los senderos. Tanta existencia corrida bajo el puente. Diecisiete años de ausencia se detienen esa tarde. La soledad los ha puesto una vez más de patitas en la calle. Ellos no lo han comprobado, pero sospechan que
"lo que puede el sentimiento no lo ha podido el saber ni el más claro proceder, ni el más ancho pensamiento…"
Todo eso circula por ese abrazo. Dos destinos se toman de la mano. La sonrisa del finado Vinicius los espera en la vereda. Les dice: "La vida, amigos… es el arte del encuentro".